Calor extremo y tiempo en el trabajo
Estar en el puesto no siempre significa estar trabajando. ¿Cómo influye el calor extremo en el tiempo dedicado a otras actividades durante la jornada laboral?
OCTUBRE 2026RECIENTESIGNACIO BELLOCJOSÉ IGNACIO GIMENEZ-NADALJOSÉ ALBERTO MOLINA
Calor extremo y tiempo en el trabajo
Estar en el puesto no siempre significa estar trabajando. ¿Cómo influye el calor extremo en el tiempo dedicado a otras actividades durante la jornada laboral?
20/10/2026 · 5 min de lectura


Uno de los retos más importantes al que nos enfrentamos en el siglo actual es el aumento generalizado de las temperaturas a nivel global. Esta tendencia creciente en las temperaturas ha generado notable atención por parte de la ciencia económica. De hecho, sabemos desde hace tiempo que las temperaturas extremas reducen la oferta de trabajo.
No obstante, casi toda esa literatura se fija en horas dedicadas a trabajar o en si trabajamos o no. En un trabajo recientemente publicado en Economics & Human Biology nos hemos centrado en una pregunta algo distinta y mucho menos estudiada: cuando SÍ estamos en el trabajo, ¿realmente trabajamos, o el calor nos empuja a “desconectar” un poco sin salir del lugar de trabajo? A esto lo llamamos “non-work at work”: el tiempo que pasamos en el trabajo haciendo cosas que no son, estrictamente, nuestra tarea principal.
LOS DATOS Y CÓMO LO HEMOS MEDIDO
Para responder a esta pregunta utilizamos principalmente dos fuentes de datos. Por un lado, los microdatos procedentes de la Encuesta Americana de Uso de Tiempo (ATUS), la cual recopila, por medio de un diario de uso de tiempo, todas las actividades que realiza la población estadounidense minuto a minuto, incluyendo dónde se realiza cada actividad. Esta información nos permite ver qué hacen los trabajadores mientras están en el trabajo. Combinamos esta información con datos meteorológicos diarios procedentes de la National Climatic Data Center, usando registros de más de 17.000 estaciones meteorológicas. En total, trabajamos con datos de 31.035 personas trabajadoras entre 2003 y 2019.
La estrategia empírica se basa en dividir la temperatura máxima diaria en dieciséis tramos (desde menos de 30 hasta más de 100 grados Fahrenheint, en intervalos de 5 ºF) y comparar cuánto tiempo de “no-trabajo en el trabajo” dedica el trabajador en función del tramo de temperatura de ese día, controlando por otros factores que incluyen otras variables meteorológicas, como precipitaciones y nieve, la ocupación y el sector, características socio-demográficas, y efectos fijos de condado, día de la semana, mes y año.
LO QUE ENCONTRAMOS
Nuestros principales resultados, mostrados en la Figura 1, indican que los individuos destinan más tiempo a actividades no relacionadas con el trabajo mientras están en el centro laboral en días donde las temperaturas son extremadamente elevadas. En términos cuantitativos, los trabajadores dedican 3,5 minutos más a actividades ajenas al trabajo mientras están en su puesto cuando la temperatura máxima supera los 100 ºF (38 grados Celsius), comparado con un día de temperatura más agradable. La magnitud puede parecer escasa, pero, como la mayor parte del tiempo en el lugar de trabajo se destina a la actividad principal (esto es, a trabajar), dicho incremento en el tiempo de no trabajo en el lugar de trabajo supone un aumento promedio del 36%.
Figura 1. Relación entre temperaturas extremas y tiempo de no trabajo


Además, ese tiempo no es una respuesta biológica dedicado a descansar de forma “productiva”. La encuesta nos permite también distinguir qué tipos de actividades están realizando los trabajadores mientras se encuentran en su lugar de trabajo y, en este sentido, encontramos que este incremento en el tiempo de no trabajo se corresponde con actividades de ocio no productivas (socializar, ver la televisión, fumar, jugar, escuchar la radio), indicando posibles pérdidas de productividad asociadas a las temperaturas extremas incluso cuando los trabajadores están en el lugar de trabajo.
Analizando con más detalle, encontramos que nuestros resultados varían de acuerdo a características socio-demográficas, ocupacionales, geográficas y temporales:
Analizando con más detalle, encontramos que nuestros resultados varían de acuerdo a características socio-demográficas, ocupacionales, geográficas y temporales:
Género: los resultados se concentran fundamentalmente en las mujeres (+4,4 minutos en días de calor extremo, frente a un efecto no significativo en los hombres), en línea con la literatura previa que muestra que ellas también reducen más su oferta laboral en días de calor extremo.
Ciclo económico: los resultados se concentran en las fases de expansión económica, cuando hay más alternativas laborales y los trabajadores se sienten menos vinculados a su puesto.
Forma retributiva: son los trabajadores pagados por horas, sin la flexibilidad horaria y espacial de los asalariados, quienes más aumentan su tiempo de no-trabajo.
Adaptación a lo largo del tiempo: las estimaciones se concentran en condados que históricamente no sufrían estas temperaturas tan elevadas, es decir, donde ni las personas ni los lugares de trabajo están adaptados.
CONCLUSIONES E IMPLICACIONES
Hasta ahora, la conversación sobre calor y trabajo se centraba casi siempre en el absentismo o en la reducción de horas trabajadas. Nuestro trabajo añade un nuevo margen a este discurso: incluso los individuos que sí van a trabajar en un día de calor extremo incrementan su tiempo de no trabajo estando allí.
Dos vías de actuación nos parecen especialmente razonables. Primero, invertir en adaptación de los propios lugares de trabajo (climatización, aislamiento, rediseño de espacios). Segundo, dar más flexibilidad laboral (horarios, teletrabajo, turnos) a los colectivos más expuestos al calor, en particular, a los trabajadores pagados por horas o del sector de la construcción, la agricultura o el transporte
