Más allá del PIB: ¿Converge el progreso social en el mundo?
El crecimiento económico no cuenta toda la historia del desarrollo. El análisis de 169 países durante tres décadas revela cómo han evolucionado las brechas en condiciones de vida, derechos y oportunidades.
OCTUBRE 2026RECIENTESJESUS PEIRÓ-PALOMINO
Más allá del PIB: ¿Converge el progreso social en el mundo?
El crecimiento económico no cuenta toda la historia del desarrollo. El análisis de 169 países durante tres décadas revela cómo han evolucionado las brechas en condiciones de vida, derechos y oportunidades.
27/10/2026 · 6 min de lectura


Durante décadas, el Producto Interior Bruto (PIB) por habitante ha sido la principal referencia para medir el desarrollo de los países. Sin embargo, el crecimiento económico no nos cuenta toda la historia, como ya anticipaba el premio nobel Joseph Stiglitz en 2009 junto a los profesores Amartya Sen y Jean-Paul Fitoussi en este informe para el gobierno francés. Una sociedad próspera en términos económicos puede presentar al mismo tiempo importantes carencias en ámbitos como la salud, la calidad ambiental, la educación, la seguridad, las libertades o la inclusión social.
¿ESTAMOS TODOS AVANZANDO EN LA MISMA DIRECCIÓN? TRES DÉCADAS DE PROGRESO
Esta preocupación ha impulsado el desarrollo de nuevos indicadores capaces de ofrecer una visión más amplia del bienestar. Entre ellos se encuentra el Social Progress Index (SPI), que mide el progreso de las sociedades a partir de sus resultados sociales y ambientales, sin incorporar variables económicas de forma explícita. El índice organiza el progreso social en tres grandes dimensiones: Necesidades Humanas Básicas, Fundamentos del Bienestar y Oportunidad.
Estas dimensiones están a su vez representadas por una completa serie de indicadores más específicos. La primera dimensión recoge aspectos esenciales para la supervivencia y unas condiciones de vida dignas, tales como la nutrición, la salud, el agua, el saneamiento o la seguridad. La segunda incorpora elementos que permiten desarrollar una vida saludable y autónoma, como la educación básica, el acceso a la información o la calidad ambiental. Finalmente, la dimensión de Oportunidad recoge aspectos más sofisticados, como los derechos personales, la libertad de elección, la inclusión y el acceso a la educación superior.
No obstante, una de las grandes dificultades para estudiar la evolución del progreso social a lo largo del tiempo ha sido disponer de datos comparables. El lanzamiento de una serie histórica del SPI comparable para el periodo 1990-2020 permite, por primera vez, analizar esta cuestión con una perspectiva de tres décadas. Nuestro estudio, accesible aquí, utiliza información de 169 países para preguntarse si estos están convergiendo hacia niveles similares de progreso social o, por el contrario, si se observan trayectorias diferentes.
Para responder esta pregunta, se utiliza la metodología desarrollada por Philips y Sul, que permite identificar clubes de convergencia, esto es, grupos de países que comparten un nivel de progreso social estacionario o de largo plazo. En una segunda etapa, el estudio analiza qué características económicas, demográficas e institucionales se asocian con la pertenencia a un determinado club.
NO TODOS AVANZAN HACIA EL MISMO DESTINO
Los resultados sugieren un comportamiento diferenciado de las distintas dimensiones del progreso social. Como se puede observar en la Figura 1, el progreso social ha mejorado entre 1990 y 2020, particularmente las Necesidades Humanas Básicas. También se observan avances en los Fundamentos del Bienestar, aunque más moderados en los últimos años. En cambio, la dimensión de Oportunidad presenta una evolución mucho más débil y señales de estancamiento desde aproximadamente 2010.


Figura 1. Evolución del progreso social y sus dimensiones (0-100) entre 1990 y 2020. 169 países
Fuente: Peiró-Palomino et al. (2026)
Los resultados del análisis sugieren divergencia en términos del índice agregado (SPI). La razón es que detrás del índice global hay comportamientos muy distintos: sí existe convergencia en Necesidades Humanas Básicas y en Fundamentos del Bienestar, mientras que no existe en Oportunidad, dimensión para la que se identifican seis clubes de convergencia, además de tres países cuya trayectoria resulta demasiado singular como para asignarlos a ninguno de ellos: Países Bajos, Corea del Norte y Botsuana.
La Figura 2 proporciona una panorámica de los distintos clubes. El primer club reúne a los países con mayores niveles de Oportunidad. En él encontramos a Estados Unidos y Canadá, a prácticamente todos los países de la Unión Europea, además de Reino Unido, Noruega, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Corea del Sur, Uruguay y Chile. Un segundo club agrupa también países con niveles relativamente elevados, aunque inferiores a los del primero. En el otro extremo encontramos los clubes 5 y 6, caracterizados por niveles bajos de Oportunidad. El último está formado únicamente por Chad, Somalia, Yemen y Eritrea. Entre ambos extremos se encuentran dos grandes clubes intermedios, que incluyen buena parte de los países de América Latina, África y Asia. De hecho, los clubes 3 y 4 concentran alrededor del 59% de la población de los países analizados.
El estudio también proporciona una comparativa de estos resultados con respecto a los que se obtienen utilizando el PIB per cápita. Aunque existe una reseñable correlación positiva, la relación no es lineal. Generalmente, países con niveles intermedios de renta ya pueden alcanzar niveles de progreso social alto. Por ejemplo, la puntuación en la dimensión de Oportunidad de Letonia es similar a la de Irlanda, a pesar de que su renta per cápita es dos veces y media inferior. Encontramos excepciones relevantes en países de Oriente Medio (generalmente países productores de petróleo) y Norte de África (MENA), que tienen niveles de renta comparables a algunas economías europeas, pero niveles de progreso social muy bajos. Este desalineamiento subraya la importancia de medir los resultados sociales independientemente de la prosperidad económica y sugiere que los ingresos por sí solos son insuficientes para explicar las diferencias en progreso social.


Fuente: Peiró-Palomino et al. (2026)
Figura 2. Clubes de convergencia para la dimensión de Oportunidad (1 mejor; 6 peor)
¿Qué factores explican la pertenencia a los distintos clubes? Los resultados apuntan hacia una combinación de factores. Los países con mayor Oportunidad tienden a presentar menor crecimiento demográfico, mayores niveles de renta por habitante, una economía más terciarizada, instituciones democráticas más sólidas y mayor libertad económica. Por el contrario, los países de los clubes inferiores presentan, en general, el patrón opuesto.
Especialmente relevante es el papel de las instituciones. La democracia y la libertad económica aparecen asociadas a una mayor probabilidad de pertenecer a los clubes con mejores resultados. Aunque el propio estudio advierte que estos resultados no deben interpretarse como una demostración de causalidad, sí muestran que las diferencias institucionales forman parte del paisaje que acompaña a las distintas trayectorias de progreso social.
DE CUBRIR NECESIDADES A CREAR OPORTUNIDADES
Quizá el principal mensaje del estudio es que el progreso social tiene distintas etapas y dimensiones, y avanzar en unas no garantiza automáticamente avanzar en las demás. La convergencia en Necesidades Humanas Básicas y Fundamentos del Bienestar sugiere que la cooperación internacional y las políticas de desarrollo han contribuido a mejorar las condiciones de vida en los países más desfavorecidos y a reducir algunas de las brechas existentes. Pero el reto cambia cuando hablamos de Oportunidad. Garantizar unas condiciones materiales mínimas es imprescindible, pero no suficiente para que las personas puedan desarrollar plenamente sus capacidades. El acceso a la educación superior, los derechos personales, la libertad de elección, la igualdad de género o la inclusión requieren algo más que recursos materiales: necesitan instituciones capaces de facilitarlos y sostenerlos en el tiempo.
Aquí aparece una de las implicaciones más importantes del trabajo. En los países situados en los clubes inferiores, las prioridades pasan por fortalecer las instituciones, ampliar el acceso a la educación avanzada y crear condiciones favorables para el emprendimiento, la innovación y la movilidad social. En los países que ya se encuentran en posiciones elevadas, el desafío es diferente: preservar la cohesión social, la inclusión y la igualdad de oportunidades y evitar que los avances conseguidos se deterioren.
En definitiva, mirar únicamente al crecimiento económico en términos de renta ofrece una imagen incompleta del desarrollo. También es necesario preguntarse qué ocurre con las condiciones de vida, los derechos, las libertades y las oportunidades de las personas. El SPI ofrece una herramienta útil para incorporar estas dimensiones al análisis.
