La pobreza en España se cronifica: empleo de baja calidad y políticas de garantía de ingresos ineficaces

Tener un empleo o recibir una ayuda no siempre permite abandonar la pobreza. ¿Qué falla en los mecanismos que deberían ayudar a salir de ella?

OCTUBRE 2026MIGUEL PARRAOLGA CANTÓRECIENTES

Olga Cantó y Miguel Parra

10/13/20266 min read

La pobreza en España se cronifica: empleo de baja calidad y políticas de garantía de ingresos ineficaces

Tener un empleo o recibir una ayuda no siempre permite abandonar la pobreza. ¿Qué falla en los mecanismos que deberían ayudar a salir de ella?

13/09/2026 · 6 min de lectura

Cuando hablamos de medir la incidencia de la pobreza en una sociedad, lo habitual es apoyarnos en una instantánea, como la proporción de personas cuya renta se sitúa por debajo de un umbral de ingresos. Sin embargo, ese retrato transversal deja fuera algo muy relevante: su dinámica. No es lo mismo una sociedad en la que muchas personas atraviesan episodios cortos y puntuales de dificultad, que otra en la que los mismos hogares permanecen atrapados en la precariedad económica año tras año.

Distinguir entre estas dos situaciones es crucial. La exposición sostenida a la pobreza deteriora el desarrollo y el rendimiento educativo de los niños, elevando su riesgo de pobreza adulta; merma la capacidad de los hogares para afrontar shocks y, en el agregado, debilita el capital humano, tensiona las finanzas públicas y reduce la cohesión social. Que la pobreza se esté volviendo más crónica en muchos países ricos no es, por tanto, solo un problema actual para esas sociedades, sino que apunta a un aumento de las dificultades para poder sostener un crecimiento económico inclusivo en el futuro.

Hasta comienzos de los dos mil, la evidencia apuntaba de forma reiterada a que, en la mayoría de los países de la Unión Europea (UE), los episodios de pobreza resultaban relativamente cortos. No obstante, un cuerpo creciente de literatura sobre este tema plantea que la Gran Recesión modificó su dinámica y, junto con el aumento de la incidencia de la pobreza, creció también el peso relativo de la pobreza de larga duración.

Pese a la relevancia del tema, sigue siendo escasa la evidencia empírica robusta sobre cómo está cambiando la dinámica de la pobreza (denominada también pobreza intertemporal) en las economías avanzadas. Ese es el hueco que buscamos llenar con este nuevo documento de trabajo, en el que exploramos la evolución de la pobreza dinámica en España durante las tres últimas décadas a partir de los datos sobre los ingresos familiares que nos proporciona el Panel de Hogares de los años noventa (PHOGUE) y la Encuesta sobre Ingresos y Condiciones de Vida de la Unión Europea (EU-SILC).

Nuestra pregunta central es saber si, efectivamente, la pobreza en un país grande de la UE como España se ha vuelto más crónica hoy que hace treinta años y, en tal caso, qué mecanismos explican ese cambio.

DE LA FOTO FIJA A LA TRAYECTORIA: MEDIR LA POBREZA CRÓNICA

Determinar quién debe considerarse «crónicamente pobre» requiere tomar una decisión normativa adicional a las que ya implica medir la pobreza en un año concreto. Esta decisión tiene que ver con hasta qué punto consideramos que los pobres tienen capacidad para trasladar ingresos de un periodo a otro, ya sea ahorrando o endeudándose.

Existen tres posibles respuestas a esa pregunta siguiendo las metodologías más relevantes de la literatura: los pobres pueden trasladar siempre todos los ingresos tanto a periodos posteriores como anteriores (Permanent Income approach); los pobres no pueden trasladar ningún ingreso entre periodos porque tienen muchas restricciones de liquidez (Spells approach); y una mezcla de ambos enfoques que permite al investigador elegir un “grado” de capacidad de este colectivo para trasladar ingresos entre periodos (Hybrid approach).

En el primer enfoque, un hogar solo es crónicamente pobre si su renta media durante el periodo total analizado se sitúa por debajo del umbral de pobreza medio de todo el periodo. En el segundo, se pone el foco en el bienestar del hogar periodo a periodo, por lo que un hogar es identificado como crónicamente pobre si pasa por debajo del umbral más de un determinado número de periodos (en nuestro caso, tres). En el tercero se permite una compensación parcial regulada por un parámetro adicional a elección del investigador y que podría tomar valores para situarnos más cerca del primer enfoque o del segundo. En nuestro análisis utilizamos los tres enfoques para medir la evolución de la pobreza crónica en España en los últimos treinta años.

¿QUÉ REVELAN NUESTOS RESULTADOS?

Documentamos dos hallazgos principales. El primero es el claro cambio en la naturaleza de la pobreza en este periodo. La Figura 1 muestra que lo que era una condición predominantemente breve se ha vuelto mucho más crónica: mientras la incidencia de quienes son pobres alguna vez a lo largo de cuatro años apenas es ligeramente menor (línea), la parte de ese colectivo que queda atrapada de forma crónica crece con fuerza tras la Gran Recesión, cualquiera que sea el enfoque utilizado (barras). Este cambio implica que, tras ese periodo de crisis, más de la mitad de los que caen en la pobreza en algún momento son pobres durante tres o más años, entre 10 y 15 puntos porcentuales más que hace tres décadas.

Figura 1. Porcentaje de pobres alguna vez y peso de los pobres crónicos en el total según diferentes enfoques (1994-2024)

Fuente: cálculos de los autores a partir de los datos de PHOGUE y EU-SILC.

LOS MECANISMOS DETRÁS DE LA TENDENCIA

Nuestro segundo hallazgo es también de gran interés. Cabría esperar razonablemente que, a medida que los hogares alcanzasen mayores niveles educativos y desarrollasen vínculos más sólidos con el mercado laboral, su riesgo de pobreza crónica disminuyera. ¿Por qué entonces ha aumentado en estas tres décadas? Para responder a esa pregunta, utilizamos una descomposición de Oaxaca–Blinder, que nos separa cuánto del aumento de la pobreza crónica está asociado a variaciones en las características de las personas y cuánto a un cambio en la protección que esas características proporcionan.

Encontramos que las mejoras en las características de la población en estos treinta últimos años propiciaron que el porcentaje de hogares que son pobres alguna vez se hayan reducido. Sin embargo, como muestran la Figura 2a y la 2b, esta mejora en la composición se ha visto superada por un deterioro en los rendimientos de dichas características. Esto es, a características constantes, el riesgo de ser pobre alguna vez es hoy mayor que hace tres décadas, mientras que, respecto a la pobreza crónica, el deterioro de los rendimientos cancela con creces la mejora en la composición. En pocas palabras, un buen nivel educativo o una buena ocupación protegen hoy bastante menos que hace tres décadas, ya que la mejora en las características no basta para compensar el empeoramiento de sus rendimientos.

Figura 2a. Descomposición de Oaxaca-Blinder: pobres alguna vez

Fuente: cálculos de los autores a partir de los datos de PHOGUE y EU-SILC.

Figura 2b. Descomposición de Oaxaca-Blinder: pobreza crónica

Fuente: cálculos de los autores a partir de los datos de PHOGUE y EU-SILC.

IMPLICACIONES POLÍTICAS

Estos resultados mandan un mensaje claro. Aunque se han producido importantes mejoras en las características de la población, mayor educación, mejores ocupaciones, etc., la capacidad de esas características de proteger de la pobreza se ha erosionado notablemente. Así, aunque reforzar las características individuales sigue siendo necesario, ya no basta para reducir la probabilidad de que las personas puedan sufrir pobreza crónica.

La atención debe desplazarse hacia el impacto efectivo de las características individuales sobre la probabilidad de evitar la persistencia en la pobreza. De este modo, las políticas clave deben mejorar la calidad y la estabilidad del empleo, y no su mera disponibilidad (lo que en España implica enfrentar la precariedad laboral), promover la extensión de la cobertura y la suficiencia de las transferencias sociales para los hogares que caen repetidamente por debajo del umbral de pobreza y, de manera crucial, diseñar de forma eficaz mecanismos adecuados de garantía de ingresos para las personas persistentemente pobres que los saque de esa situación.

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