Prestaciones por desempleo y duración del paro: qué nos dicen las reformas de 2012 y 2023
En 2012 se recortó la prestación por desempleo y en 2023 volvió a aumentar. ¿Cómo cambiaron estas reformas el tiempo que las personas permanecen en paro y a quién afectaron más?
OCTUBRE 2026RECIENTESANA M. SILVAJOSÉ M. ARRANZCARLOS GARCÍA-SERRANO
Prestaciones por desempleo y duración del paro: ¿qué nos dicen las reformas de 2012 y 2023?
En 2012 se recortó la prestación por desempleo y en 2023 volvió a aumentar. ¿Cómo cambiaron estas reformas el tiempo que las personas permanecen en paro y a quién afectaron más?
06/10/2026 · 6 min de lectura


Las prestaciones por desempleo son uno de los pilares del Estado del bienestar, junto con la sanidad, la educación y la dependencia. Su diseño y su alcance han sido objeto de debate durante décadas, tanto en el ámbito académico (Atkinson y Micklewright, 1991; Tatsiramos y van Ours, 2014) como en el político (OCDE, Employment Outlook). En España, este debate es especialmente relevante, ya que llevamos décadas conviviendo con unas tasas de desempleo elevadas.
En este artículo hacemos un recorrido por las reformas que, en las últimas décadas, han modificado la cuantía de la prestación contributiva por desempleo en España. En concreto, analizamos dos reformas que cambiaron el porcentaje de la base reguladora que se cobra a partir del séptimo mes de paro: el recorte de 2012 y la subida de 2023.
Nuestro objetivo es responder a dos preguntas. Primero, ¿cómo afectaron estas reformas a la duración del desempleo? Y segundo, ¿fue la respuesta igual para todas las personas desempleadas o hubo diferencias según sus características?
La literatura ya ha contestado la primera pregunta en considerables ocasiones y contextos. En el caso europeo, numerosos estudios han mostrado que las reducciones en la generosidad de las prestaciones reducen la duración del desempleo y, a su vez, aumentos de la cuantía de estas aumentan la duración (véase Carling et al., 2001; Doris et al., 2020; Uusitalo y Verho, 2010). En Estados Unidos los resultados muestran lo mismo: reducciones llevan a tasas de salida del desempleo más rápidas, especialmente en recesiones (Card et al., 2015). Para el caso español, el estudio de Rebollo-Sanz y Rodríguez-Planas (2020) muestra precisamente que la reducción de la cuantía de la prestación que ocurrió en julio de 2012 derivó en una reducción de la duración del desempleo de 5,7 semanas.
En este estudio vamos un poco más allá aprovechando los datos del Servicio Estatal Público de Empleo (SEPE). Gracias a poseer el universo de personas desempleadas en torno a las fechas de la reforma, así como valiosa información sobre las prestaciones, hemos podido realizar un análisis que pretende confirmar los resultados de nuestros colegas, además de caracterizar a las personas desempleadas que más se han visto afectadas por estas dos reformas.
¿EN QUÉ CONSISTEN LAS REFORMAS?
Antes de adentrarnos en la metodología y en los resultados obtenidos, haremos un pequeño parón para ilustrar el funcionamiento de las prestaciones por desempleo. Las dos condiciones clave para que una persona tenga derecho a recibir una prestación por desempleo son las siguientes:
Los individuos deben haber perdido el empleo de forma involuntaria.
Estos deben haber cotizado al menos 12 meses en los últimos 6 años.
Una vez sabemos quién tiene derecho a recibir la prestación, hay dos preguntas fundamentales: ¿durante cuánto tiempo puede cobrarla? ¿Y cuánto dinero recibirá cada mes?
La respuesta a la primera pregunta depende de cuánto tiempo haya cotizado la persona antes de quedarse desempleada. En general, cuanto más tiempo haya cotizado, mayor será la duración de la prestación a la que tiene derecho (con un máximo de dos años). La segunda pregunta depende de su base reguladora, que se calcula a partir de los salarios que ha percibido antes de quedarse desempleada.
Sobre esta base reguladora se aplica la tasa de reemplazo (TR), es decir, el porcentaje la base reguladora que se recibe en forma de prestación.
EVOLUCIÓN DE LA TASA DE REMPLAZO DE LA PRESTACIÓN CONTRIBUTIVA POR DESEMPLEO
En España, la tasa de reemplazo es del 70% durante los primeros seis meses y del 60% a partir del séptimo mes hasta que se agota el derecho a la prestación. Precisamente, esta segunda parte es la que modificaron las reformas que analizamos. Mientras que el porcentaje aplicado durante los primeros seis meses se mantuvo sin cambios, el porcentaje aplicado a partir del séptimo mes pasó del 60% al 50% con la reforma de 2012 y volvió a aumentar hasta el 60% con la reforma de 2023.


METODOLOGÍA
Para estimar los efectos de las reformas utilizamos modelos de duración con ponderación por probabilidad inversa. La metodología nos permite comparar la duración del desempleo antes y después de cada reforma, utilizando información de las personas que comenzaron a recibir la prestación unos días antes y unos días después, teniendo en cuenta las diferencias observables entre las personas afectadas. De esta manera, podemos estimar el efecto causal de los cambios en la generosidad de las prestaciones sobre la duración del desempleo.
También analizamos si la respuesta a las reformas fue diferente en función de las características de los trabajadores, de la cuantía de la prestación y de su derecho potencial a recibir prestaciones. Esto nos permite identificar qué grupos fueron más sensibles a los cambios en la generosidad de las prestaciones.
RESULTADOS
¿Qué encontramos? En primer lugar, los resultados muestran que la generosidad de las prestaciones influye en el tiempo que las personas permanecen desempleadas. La reforma de 2012, que redujo la tasa de reemplazo del 60% al 50% a partir del séptimo mes, provocó una reducción de la duración del desempleo de 15 semanas (-25,6%). En cambio, la reforma de 2023, que volvió a elevar la tasa de reemplazo hasta el 60%, produjo un ligero aumento de la duración del desempleo de 2,4 semanas (+6,5%).




Panel B: Reforma 2023
Panel A: Reforma 2012
Efecto sobre la duración del desempleo por cuantía (izq.) y duración potencial de la prestación (dcha.)
Estos resultados son, por tanto, coherentes con lo que predice la teoría y con buena parte de la evidencia existente: cuando la prestación es menos generosa, aumenta el incentivo a encontrar un empleo antes, mientras que una prestación más generosa permite permanecer más tiempo desempleado mientras se busca un nuevo trabajo.
HETEROGENEIDAD EN LOS RESULTADOS
Sin embargo, nuestros resultados muestran que no todas las personas reaccionan de la misma manera ante estos cambios.
En 2012, la respuesta fue especialmente intensa entre las personas que recibían prestaciones de cuantía media y alta y entre aquellas con una duración potencial de la prestación más corta. También encontramos una respuesta especialmente elevada entre quienes tenían los periodos potenciales de prestación más largos.
En 2023, los efectos fueron más selectivos. La respuesta se concentró principalmente entre los trabajadores en edades centrales de la vida laboral y aquellos que ocupaban puestos de mayor cualificación. En otros grupos, el cambio en la generosidad de las prestaciones tuvo un efecto mucho más reducido.
CONCLUSIONES
En conjunto, los resultados muestran que el efecto de las prestaciones por desempleo depende tanto de las características de las personas como del contexto en el que se aplica la reforma. En particular, nuestros resultados sugieren que reducir la protección puede tener consecuencias más importantes cuando las oportunidades de encontrar empleo son limitadas. Cuando hay pocas vacantes, las personas desempleadas disponen de menos alternativas para volver al mercado laboral, por lo que una menor prestación puede traducirse en una mayor presión para aceptar antes un empleo.
Además, la respuesta fue especialmente relevante entre quienes experimentaron mayores cambios en la cuantía de su prestación, mientras que quienes estaban sujetos a los mínimos o máximos legales apenas modificaron su comportamiento. Esto pone de relieve que el diseño de estas políticas debe tener en cuenta no solo el efecto medio de una reforma, sino también a quién afecta, cuánto cambia su protección y cuáles son sus alternativas reales para encontrar empleo. Esto es especialmente relevante en un colectivo que ya parte, en muchos casos, de una situación de mayor inseguridad económica.
Estos resultados abren también nuevas preguntas: no solo importa cuánto dura el desempleo, sino qué tipo de empleo se consigue después. Además, factores como los ahorros, la vivienda o el apoyo económico del hogar pueden influir en cuánto tiempo una persona puede permitirse permanecer desempleada. Incorporar estas dimensiones permitiría comprender mejor los efectos de las reformas y las diferencias en la respuesta de las personas.
